Desde hace varios años el kale viene ganando popularidad por ser considerado un “superalimento“.

Lo podés encontrar en sus distintas variantes: morado o verde, con hojas muy rizadas o lisas. El kale es rico en vitaminas C y K y favorece la formación de la vitamina A. Además, aporta una cantidad significativa de vitaminas B1, B2, B6 y E. Tiene también un alto contenido de fibras y agua. Es por eso que resulta un alimento ideal para incluir en nuestra dieta diaria.

¿No se te ocurre cómo podés integrarlo a tus comidas de todos los días? A continuación te dejamos algunas ideas:

En ensaladas. Es ideal comer el kale crudo para aprovechar al máximo todos sus nutrientes. Si te parece que su consistencia es demasiado densa, podés probar cortando el kale en tiras finas, amasarlo con vinagre o aceite de oliva y dejarlo reposar unos 20 minutos. Para comer en ensalada se recomienda quitarle los tallos, que son su parte más fibrosa.

En salteados. El kale tiene una consistencia un poco más dura que las hojas verdes más comunes, por lo que comerlo sofrito junto con otras verduras puede ser la mejor opción para los que no son fanáticos de su dureza.

Chips crocantes de kale. Sin su tronco, bien lavados y secos, impregná algunas hojas de kale con una mezcla de condimentos y aceite (a gusto) y luego cocinalos a temperatura mínima por 5 minutos. El resultado: unos chips super crujientes, ideales para picar en cualquier momento del día.

En jugos. Para los más valientes, pueden probar de agregar un poco de kale a los jugos diarios. Otra manera de consumirlo crudo y aprovechar todas sus propiedades.

¡Aprovechá que el otoño-invierno es la época de cultivo del kale!

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